Buen día,

June 15th, 2010

El día despierta
con pies hinchados
acopla la pereza al sueño residual

Nunca te vas del todo,
aún en tu viaje,
andas conmigo.

~ Final de primavera 2010 ~


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Mariangela Petrizzo Dicho

Tecnologías como terapia para pacientes psiquiátricos

June 7th, 2010

Que hoy en día hablemos de tecnologías utilizadas en tratamientos de algunas enfermedades físicas y psíquicas es algo que no nos resulta extraño dada la penetración en el quehacer diario sobre todo de las tecnologías de información y comunicación (blandas), pero también de tecnologías como la robótica. Tampoco nos resulta extraño que haya un empeño por recuperar valores ancestrales de juegos infantiles, por ejemplo el llamado “juego de la falda“, para atender discapacidades intelectuales en pequeños y pequeñas y para facilitarles el aprendizaje de ciertos patrones de conducta que, a su vez, les capacitarán en aprendizajes posteriores.

Pero si pensamos que una tecnología como la televisión y la radio lleva siendo utilizada 18 años para el tratamiento de pacientes psiquiátricos en Argentina, esta historia nos resulta aún mucho más valiente y esperanzadora.

Quiero hablarles de la experiencia de La Colifata. Se trata de una experiencia iniciada en Argentina y que ya tiene unas 40 réplicas exitosas en otros lugares del mundo, dedicada a trabajar con pacientes psiquiátricos incorporándolos a la producción de espacios televisivos y radiales de proyección semanal. Es interesante ver cómo progresivamente, según como cuentan sus creadores, la tecnología se ha venido incorporando al trabajo desde el psiquiátrico. Recientemente, en celebración de sus 18 años de existencia, se ha presentado un documental sobre La Colifata y los participantes de esta iniciativa han grabado un disco con la participación de Manu Chao.

Les dejo este post-video de Eduardo Codina (llamado “desmitificador tecnológico”) que nos muestra qué es la brecha digital.

El autor del video fue premiado este año en el encuentro e-STAS como Empoderador Empoderado. Aquí un extracto de su situación personal tomado de Masticable:

“Eduardo pasó 17 años en situación de calle alternada con periodos de internamiento psiquiátrico. En los periodos de internamiento comenzó a participar en L22 Radio “La Colifata”. En la actualidad, Codina es ciberinvestigador de la Colifata, participa en Colifata TV desde 2005 como desmitificador tecnológico, lleva tres años viviendo de manera autónoma y no deja de desarrollar sus conocimientos sobre las TIC. Es un ejemplo de una persona fuerte y con ganas que se ha empoderado a través de las Nuevas Tecnologías.  Como dijo en el e-STAS Alfredo Oliveira “Eduardo Codina es alguien que utiliza las TIC para dar sentido a su existencia, para construirse”.”


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Mariangela Petrizzo Dicho , , , ,

Querid@ amig@ Geek

June 3rd, 2010

Querid@ Geek, hoy me levanté segura de que me ayudarías a resolver un importante dilema que tengo. Escribo este post como una usuaria y lectora constante de blogs, recientemente con más constancia desde que me funciona la suscripción por correo electrónico todo sea dicho, y porque creo que, además comparto algunas opiniones o al menos respeto lo que allí leo lo cual, sin ser lo mismo, viene siendo casi igual.

Expongo a tu sabiduría mi caso: tiene que ver con mantener marcadores vivos (feeds) versus mantener marcadores-no-vivos (bookmarks). En estos momentos la variable que considero para mantener uno u otro (o ambos como hago hasta ahora) es la organización de mi tiempo de trabajo, y tiene que ver con tres criterios: facilidad de localizar información previamente consultada, posiblidad de interoperalbilidad entre las aplicaciones seleccionadas para cada uno, facilidad de localización de información actualizada y posibilidad de transformación de algunos o todos los espacios marcados es post parciales o completos en cualquiera de mis blogs.

Se que son criterios en los cuales ambas tecnologías no tienen equivalente entre sí y soy consciente de que con ellos la mejor respuesta a mi dilema es anularlo pues no tengo elementos para decidir. Sin embargo, con dilema o sin él, me enfrento a la necesidad urgente de optimizar mi tiempo de trabajo en mi oficina y a compaginarlo con la imperiosa necesidad de estar “al día” y organizada en mis referencias documentales (hablo aquí casi de modo estricto con respecto a las referencias electrónicas “vivas” o de internet, pues hablar de mis referencias documentales en otros formatos (digitales por ejemplo) es, necesariamente, otro problema que no entra en este momento en posibilidad de ser considerado). He valorado mis posibilidades en este proceso de optimización del trabajo y he llegado a la conclusión de que definitivamente tengo que intervenir el uso en tiempo y dedicación de la lectura de marcadores vivos y consulta de marcadores estáticos y es lo que me lleva a consultarte.

Para el manejador de marcadores vivos utilizo Google Reader luego de haber utilizado durante mucho tiempo Bloglines. Allí inicialmente tenía muchos marcadores que me interesaba seguir, pero de un par de años a esta parte se han hecho inmanejables (casi desde el mismo tiempo que migré a Google Reader) y para manejador de marcadores estáticos utilizo deli.cio.us . Recientemente he comenzado a trabajar con la extensión “ReadItLater” para Firefox, que sólo reservo -intento hacerlo- sólo en casos extremos de temas que quiero profundizar, de los que escribiré algún artículo o ponencia, y en casos en los cuales mi navegador colapsa por el incontable número de pestañas abiertas. La compagino con la extensión Zotero para Firefox para tener más a mano la referencia bibliográfica ya construida sobre ciertos temas que son de mi interés profesional (y vital, todo hay que decirlo). En los casos de marcadores estáticos y vivos, utilizo las etiquetas, categorías o carpetas es un dolor de cabeza y requiere una planificación previa y visualización atenta de las etiquetas que ya dispones a menos que quieras hacer de ese espacio un tiradero de cosas. (como termine asumiendo que era mi caso :( )

La vinculación con mis blogs (cualquiera) todos ellos organizados sobre wordpress en  alojamiento gratuito (.com) o en una instalación propia (.org), ha sido en ambos caso casi imposible de hacer más allá de un lanzamiento siempre fortuito y siempre incopleto de direcciones webs incomprensibles sin los contextos que les darían el título y las notas que suelo escribir en Google Reader o en Delicious. En el segundo caso, el servicio de blogging aunque estuvo disponible hace algún tiempo para WP, ya no lo está más. Sin embargo, he conseguido una extensión llamada “postallicious” que ha resultado bastate buena de no ser porque su enorme “configurabilidad” no es lo suficientemente comprehensiva como para poder incluir los títulos de los marcadores estáticos con título de un post en mi blog y como cuerpo del mismo el contenido que incluyo en las notas.

En el caso de Google Reader, conozco la posibilidad de incorporar gadgets a los blogs donde se incluya la totalidad de los marcadores vivos manejados, sólo los últimos o, incluso, sólo aquellos pertenecientes a una categoría específica dentro de las de Delicious. Sin embargo, yo sigo con mis ganas de traducir el tiempo que dedico a la lectura y comentario de marcadores vivos, en post dentro de mis blogs.

Otra mención merece la localización de la información allí alojada la cual es, aunque con algunos matices, virtualmente ilocalizable. Nada de búsquedas semánticas  o inteligentes, ni siquiera en Google Reader, aunque reconozco que en este caso es mucho menos complicado recuperar alguna información  sólo con conocer algunos pequeños e inexactos detalles. Creo que ambos sistemas están pensados para cualquier cosa distinta a un almacenamiento no ordenado previamente de las cosas. De hecho, cada vez me convenzo más de que otras herramientas diseñadas por Google trabajan de ese modo (Gmail y Google Docs por ejemplo) la imposibilidad de organizar todo como se desee con un simple tomar y arrastrar a una carpeta hace muy complicado la aproximación a algo medianamente ordenado.

¿Tú qué dices? te has planteado preguntas similares a las mías? tienes algunas respuestas aproximadas a mis inquietudes? ¿crees que debo dejarme de historias, escuchar más radio y volver a las tablas de la antigüedad renunciando a las posibilidades de la web 2.0 porque así sería más feliz?

p.d.

Recientemente comencé a utilizar como prueba la extensión de sincronización entre Chromium y los otros marcadores estáticos. Mi sorpresa fue mayúscula al ver que la sincronización de Google hace que Google Docs trague como una aspiradora todos los marcadores estáticos y los lance casi sin clasificación alguna en el índice de los documentos. Pensaba que ya tenía bastante desorden.


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Mariangela Petrizzo Dicho , , , , , ,

Más de los comunes

May 28th, 2010

Tal parece que en breve deberemos acomenter en castellano (también) una conceptualización coherente sobre la idea de Ostrom de los comunes aplicado al ámbito del conocimiento y su emancipación.

Para abonar en ese terreno, les dejo este documento-artículo escrito por David Bollier en On the commons

Academia as a Commons
How open technologies can help higher education expand collaboration, innovation and public access to knowledge.
By David Bollier

David Bollier has been the Croxton Lecturer at Amherst College for the past semester, teaching a course, “The Rise of the Commons.” Below are remarks that he delivered at the Robert Frost Library on April 26, 2010.

I realize that any mention of digital technologies and copyright law can induce a certain mental stupor among many people. The topic is rife with many complicated legal and technical issues. But I believe that we commoners have too much at stake to leave copyright law to the lawyers and the Internet to the techies.

The very mission and identity of academia is implicated in the future of digital technologies, the Internet and copyright law. At stake is the ability of colleges and universities to act as inter-generational stewards of knowledge… to assure that their own scholarly output is freely accessible and usable…. to curate knowledge in better ways and to disseminate it as broadly as possible….and to foster innovative research and learning.

Unfortunately, we find ourselves in a messy interregnum between the age of centralized mass media dinosaurs and the distributed, open, participatory platforms of the Internet. We are caught in a political and cultural morass filled with constant disruption, confusion, angst and uncertainty. There is one thing that I am certain of, however: This is the time to seize the initiative. Rarely have the forces for progressive change in education had such wide, inviting openings.

In my remarks today I want to explain how networking technologies are changing the economics of creating and sharing knowledge — and how this change has enormous potential to empower academic disciplines and institutions. While there are all sorts of new initiatives transforming teaching and learning, I will focus on open access publishing, institutional repositories, open courseware, and the broader Open Educational Resources movement.

I think it’s time for Amherst College and the Five Colleges to think more expansively about how they might participate in, and even lead, some of these important transformations.

As a newcomer to Amherst College (at least as a faculty member), I won’t pretend to know the institutional history and habits, faculty and library politics, technological capacities, and — let’s be frank — the sheer inertia — that may complicate any attempts to move forward into the digital frontier. But I do know enough about the larger trends in “open education” (as it’s often called) to suggest that they will transform higher education. They already are. Our stance shouldn’t be one of reluctant accommodation to the new realities, but rather spirited leadership in making the most of them.

* * *

I had an epiphany about this topic when I learned that USC gives all incoming freshmen a “copyright compliance” letter. The letter outlines situations that likely constitute copyright infringement, and it warns of “serious financial and legal consequences” for any infringement. It even invokes the fearsome specter of the Recording Industry Association of America and the Motion Picture Association of America and their take-no-prisoners enforcement policies.

Shockingly, USC states that its purpose is “to promote and foster the creation and lawful use of intellectual property.” That was news to me. I thought academia had more elevated, larger purposes!

Now, don’t get me wrong. I believe in copyright law and in the obligation of colleges and universities to respect the law. But the USC statement struck me as an unseemly category mistake, if not a retreat from academia’s central purpose. Academia is about the liberal sharing of knowledge with other scholars, scientists and the public. Sharing is a necessary precondition for learning and research.

Disturbingly, the USC letter to students made no mention of a student’s fair use rights under copyright law and therefore their lawful ability to copy and share information under certain circumstances. Instead, the University declared its eagerness to serve as copyright enforcement police for the entertainment industry — a regrettable case of “cognitive capture,” one might say.

The USC letter got me to thinking — Why aren’t all students in our country sent a letter from their college or university that reads:

“As a member of an academic community, you have an affirmative duty to share your work with your peers and as widely as possible. That is a major responsibility of belonging to an academic commons. By making your work freely available, it acknowledges your debt to prior generations of scholars. It also improves contemporary academic research by subjecting it to the widest, most rigorous scrutiny. And will make it easier for future scholars to develop their own discoveries and innovations, and so contribute to a more bountiful future.”

If we stand on the shoulders of giants, as Isaac Newton famously declared, why should academia so willingly embrace the closed, proprietary norms of the entertainment industry? Academic knowledge should be regarded as the inalienable resource of a commons.

Why, indeed, should academia even use the term “intellectual property”? The term was barely used thirty years ago, even by law scholars and attorneys. Copyright industries deliberately popularized the term as a way to strengthen their claims of absolute ownership. It was also a way to demonize unauthorized uses of copyrighted works that are entirely legal, as “piracy.” That point bears repeating: Many unauthorized uses of copyrighted works are entirely legal!

The “peculiar power” of an idea, Thomas Jefferson once wrote as the nation’s patent commissioner, is “that no one possesses the less, because every other possesses the whole of it. He who receives an idea from me, receives instruction himself without lessening mine; as he who lites his taper at mine receives light without darkening me.”

This, in fact, is the great virtue of academia — its ability to generate and freely share knowledge for the betterment of everyone, without anyone being worse off. Terras irradiant, one might say.

Academia is a special class of commons often called a “gift economy.” People make “contributions” to the field — through research, lectures, collegiality, etc. — and those contributions are shared by the community with no expectation of direct personal reward beyond recognition and respect.

This is what makes an academic commons so productive. As sociologist George Simmel has written, gratitude to a community “establishes the bonds of interaction for the reciprocity of service and return service, even where they are not guaranteed by external coercion.” Sharing, reciprocity and “gift-exchange” are a powerful alternative way of generating value — one that is quite different from the marketplace and its strict quid pro quo relationships based on cash and legal contracts.

In a book called The Gift: Imagination and the Erotic Life of Property — which has become something of a cult classic — essayist Lewis Hyde explained the centrality of gift-giving to creativity and learning. I am thrilled that Lewis — who has since become a friend — has a terrific new book, coming out in August, on the cultural commons. It’s called Common as Air: Revolution, Art and Ownership. In it, he recounts the long history of copyright owners trying to enclose the commons of information and culture.

Hyde decries the power of market culture to dominate and overwhelm spheres of life that ought to be governed by their own ethics and norms. Paraphrasing philosopher Michael Walzer, Hyde writes: “It is in the nature of tyranny for one realm of life to desire power outside its own sphere, and over the whole world even.” He also cites William Blake: “One Law for the Lion & the Ox is Oppression.”

This sums up the problem now facing academia. It exists in a market culture, but its ethics and “value proposition” are quite different from those of the market, and must remain so. Its mission is not to develop an inventory of marketable intellectual property. It is the steward of a vast knowledge commons. It therefore must be vigilant in protecting and managing this commons.
* * *

I wanted to give this brief introduction to the commons because I think it helps us understand how the conflicts over the control of knowledge in academia echo the titanic clashes now roiling the film, music, publishing, journalism and broadcasting industries, among many others.

Much of the tumult that we are experiencing can be traced to what I call The Great Value Shift. In the networked environment, we are being forced to recognize that markets — and hierarchical, centralized institutions such as the corporation — no longer have a monopoly on the ability to generate value. Self-organized communities can frequently do things faster, more creatively and more efficiently than conventional markets.

The commons is beginning to out-compete — or out-cooperate — the market. There is now, in fact, a robust Commons Sector. We can see this in the rise of the Linux computer operating system vs. Microsoft; the rise of Wikipedia as a challenger to Encyclopedia Brittanica; the triumph of Craigslist over newspaper classified ads; the popularity of serious blogs as trusted alternatives to conventional journalism; among countless other examples.

“What we are seeing now,” writes Professor Yochai Benkler of Harvard Law School in his book The Wealth of Networks, “is the emergence of more effective collective action practices that are decentralized but do not rely on either the price system or a managerial structure for coordination.” Benkler’s preferred term is “commons-based peer production,” by which he means a system that is collaborative and nonproprietary, and based on “sharing resources and outputs among widely distributed, loosely connected individuals who cooperate with each other.”

Sounds a lot like an academic discipline or college or university to me!

Given the natural capacities of the Internet and networking technologies, you can begin to imagine how they might be able to super-charge academia’s propensities to share and collaborate. (It wasn’t an accident that the Internet’s very protocols emerged from within academia, and not from the marketplace.)

In the online world, we are increasingly seeing that the price system of the market is too crude an instrument for animating human talent and communicating what has value. Economists generally don’t appreciate that conventional markets tend to have lots of hidden costs — capital equipment, bureaucracies, legal contracts, talent-recruitment, advertising, brand management, and countless other dreary things.

Economists can’t imagine the viability of the commons, a place where people wish to volunteer their time building free software programs, editing entries on Wikipedia, sharing their photos for free on Flickr, and participating in collaborative projects that proofread books, classify the craters of Mars for NASA, and aggregate their sightings of birds and butterflies.

These projects are among the phenomena that constitute the rise of the commons. The subversive story line that is emerging is the commons as a new principle of bottom-up generativity.

Which brings us to copyright law.

Conventional industries, including publishing, don’t like being out-flanked. And so to protect their obsolete business models, they have run to Washington to get all sorts of new laws to expand the scope and terms of copyright law, and to stiffen the penalties for infringement, and indeed, to criminalize basic creative freedoms and cultural practices.

This is a lengthy story unto itself, but let me just name a few of the more egregious aspects of the copyright wars.

After Congress had expanded copyright terms eleven times between 1960 and 1998, the Disney Company prevailed upon Congress to give it another go, and expand the terms of copyright law by twenty years for already existing works. It was a pure power grab by copyright industries to keep tens of thousands of cultural works — including Robert Frost’s poetry and, most significantly, Mickey Mouse — from entering the public domain. (As a result of that law, this speech would normally be locked up under copyright for the rest of my lifetime plus 70 years — say, the year 2100 — because that’s supposedly the monopoly incentive that I need in order to produce it!)

Then, of course, there is the Digital Millennium Copyright Act has essentially wiped out the public’s fair use rights in digital media and inhibited the reverse-engineering of software.

Tech companies frequently use one-sided, highly restrictive Web “click through” contracts and software “shrink-wrap” licenses to limit how we may use works. And entertainment industries are trying to make Internet service providers and universities serve as copyright police for them. They also want to impose a “three strikes” system so that you permanently lose your Internet service for copyright violations.

This unprecedented cultural lock-down is disrupting the careful balance that was historically struck between authors (which is to say, publishers) and public needs.

It’s important to remember that copyright as a body of law is intended — under Article I, Section 8, of the U.S. Constitution — “to promote the Progress of Science and the Useful Arts.” The point is not to give authors or publishers broad monopoly rights in perpetuity. The point is to induce them to produce and sell new works, and in so doing, to expand human knowledge and culture.

In the digital environment, however, copyright law, as now formulated and enforced, often inhibits this goal. This has obvious consequences for the ability of the academy to carry out its core mission.

The traditional way of assuring access to knowledge has been fair use — that is, the legal doctrine that allows us to quote, excerpt and re-use copyright works without permission or payment. Unfortunately, fair use is notoriously vague, complex, contradictory, and prone to subjective interpretation. There are few bright lines for truly knowing what’s legal to use and what’s not. Professor Lawrence Lessig has called “fair use” the right to hire a lawyer.

Over the past decade or two, a series of court cases have also reduced the scope of fair use rights:

• James Joyce’s estate for years prohibited scholars from quoting unpublished letters that might reflect poorly on Joyce, until a lawsuit pried the documents loose.[1]

• Academics are routinely prevented from publishing images of famous artworks and song lyrics because they must clear the rights, which are either withheld of very expensive to obtain.

• In a major lawsuit that could have wide repercussions, Cambridge University Press, Oxford University Press and SAGE Publications are suing Georgia State University to limit access to digital copies of course materials.[2]

• Publishers are eager to maximize their revenues from licensing fees from coursepacks, which resulted in Amherst College paying some $400,000 in licensing fees this past year.

Over the years, a variety of “official” guidelines have been produced to try to clarify the morass of fair use, but they are a mixed bag at best. Professor Kenneth Crews of Indiana University has concluded that “most of the guidelines that purport to interpret fair use in fact bear little credible relationship to the law, and that the guidelines of the past are a weak foundation for developing new interpretations for the future.”[3]

It has also been noted that publishers, educational administrators and sometimes libraries often show “undue caution” in their application of fair use principles. Others show “studied ignorance, clandestine transgression and hyper-compliance” — all of which may impair the quality of teaching and learning.

Fortunately, a new movement is arising to bolster fair use. Public Knowledge recently held World Fair Use Day, and American University’s Center for Social Media is convening various creative communities to develop their own statements of best fair-use practices.

For example, documentary filmmakers developed their own fair use “best practices” statement in 2005. It has been a huge success. The four major insurance companies decided they would provide “errors and omissions” insurance for fair use claims. This emboldened many public TV stations and cable companies to air previously problematic films. Film producers have saved millions of dollars in licensing fees for rights clearances, a ridiculously convoluted and expensive process.

In the latest of a series of such projects, American University is now collaborating with the Association of Research Libraries to survey librarians about fair-use problems and practices. It hopes to come up with a library-based statement of fair use practices. But there is a need for a broader, more ambitious fair use statement by teachers and scholars in higher education.

I applaud these initiatives as vitally important. But I am also keenly aware that they keep us within a house of complicated legalisms. I submit that the long-term solution for higher education lies in inaugurating some new commons-friendly ways of managing knowledge.

By this, I mean it needs to learn how to build new commons for itself. That will require four types of tools — technological, legal, institutional and social. We already have the hosting super-architecture, the Internet. And there are hundreds of free and open source software applications that provide flexible platforms for sharing.

As for the legal tools, there are a number of important copyright-based licenses that need to be more broadly adopted, most notably, the Creative Commons licenses. The six basic CC licenses enable authors to bypass the strict terms of copyright law and signal that their works may be legally shared, without having to secure advance permission or payment. The CC licenses enable online communities to develop pools of shareable content — with none of the confusion and vagueness that afflicts fair use.

The licenses have proven so valuable that they have spawned a flourishing international movement. More than 50 nations have now adopted the licenses to their national legal systems, and another 20 are in the process of doing so. The BBC has put much of its television archives onto the Web with CC licenses, as have countless government agencies, colleges and universities, museums, nonprofits and other institutions around the world.

Finally, building academic commons requires supportive institutional policies from the college or university in question — and the social ethic and norms to support commoning — the social practices for maintaining a commons. These are arguably the hardest changes to implement.

The infrastructure for building academic commons is still a work-in-progress, but it has — over the past ten years — spawned the open access movement and more broadly, the Open Educational Resources Movement. Both are transforming education in fundamental ways.

OA takes two major forms: journals and archives (a.k.a. “repositories”). The point of open access is to leverage the power of the “Great Value Shift” that I mentioned earlier: it allows authors to publish at much lower costs than conventional publishing, and yet reach many more people. There are nearly 5,000 OA journals now being published, many of them as fully rigorous and peer-reviewed as the more established journals.[4] They’re just not as well-known.

The idea behind open access publishing is to emancipate scientists and scholars from the grotesque over-extensions of copyright law by empowering them to publish and share their works for free, in perpetuity.

OA advocate John Willinsky has pointed out the perversity that “the last investor in the research production chain — consisting of the university, researcher, funding agency and publisher — owns the resulting work outright through a very small investment in relation to the work’s overall cost and value.” In many cases, publishers not only own the copyrights of academics, they contractually prohibit professors from posting their own articles on their websites. The college gets no specific rights, and the public’s interests in having academic work available is not even a consideration.

Since scientists and scholars virtually never earn money from their journal articles, and only occasionally from their books, why should they regard their works as “intellectual property” that must yield maximum revenues? They should regard their works as “royalty-free literature,” as open access advocate Peter Suber puts it.

Academics should see open access publishing as a way to enhance their reputations in their fields while strengthening their disciplines, their institutions, and the public’s access to knowledge. As this chart on online citation shows, the “impact factors” for open access works tend to be greater than conventional journals that are locked behind paywalls or only available in print.

There are several major obstacles to moving to OA publishing, however. The most important is developing new revenue models for scholarly journals. If subscriptions won’t pay the costs of publishing what will? One of the leading solutions is for research funders to incorporate “author-side payments” into their research grants, so that authors can “pay” OA publishers to make their articles permanently available in OA journals. Alternatively, many colleges and universities help pay these fees, as Amherst College does.

Another major barrier to the adoption of open access publishing is the bias against it in promotion and tenure decisions. Prestigious and familiar commercial journals are seen as a more reliable proxy for quality research than the lesser-known, relatively new OA journals. So long as tenure decisions retain these biases, it will be harder for OA journals to come into their own and to supplant the more expensive, less efficient commercial journals.

Imagine what might be achieved if the Five Colleges, or the Oberlin Group of some 80 liberal arts colleges, were to take a more public, aggressive stance towards OA publishing! Some colleges are so committed to OA as a matter of principle that they actually limit their tenure and promotion reviews to articles on deposit in the university’s OA repository.[5]

OA publishing represents a huge opportunity for libraries to cut their subscription costs. It gives scholars and scientists the chance to reclaim control over their professional output. And it lets colleges and universities demonstrate their commitment to the free flow of knowledge.

I might add that Harold Varmus — Amherst class of ’61, and the Nobel Prize winner and former director of the National Institutes of Health — has been a pioneering leader of the OA movement, especially in helping launch the open-access Public Library of Science.

There are other things that Amherst College could do to promote OA publishing. It could emulate Harvard, Stanford, Duke, M.I.T., and more recently, the liberal arts Trinity University. The faculties of these institutions, by unanimous votes, adopted resolutions mandating that all faculty members publish their works in open access formats and deposit them in the university’s repository.

Of course, implementation is key, and those plans are still unfolding. At Harvard and M.I.T., faculty may opt-out of the OA mandate, but they must make separate requests for each work, and they must give a reason for not publishing OA. The point is to throw the institution’s reputation and authority behind OA so that publishers cannot have exclusive control over academic works. Why should the publishers get to own the final product after everyone else has done most of the work?

A small liberal arts school like Amherst College obviously has many different interests than a large research university. Still, all academics can benefit from OA, as both authors and researchers. NIH already requires that any research funded by it be published in an OA format no later than a year after its publication in commercial journals, and the National Science Foundation recommends that researchers disseminate their work through OA. Among different scientific and scholarly fields, of course, there are valid complications in publishing OA, but the inexorable trend is toward open access.

Another thing that Amherst College could do is to start its own institutional repository. This would be a dedicated space on the Web to showcase all the research, writing, datasets, syllabi and other output of Amherst faculty, not to mention public lectures, conference proceedings and even books.

As an American Studies major at Amherst College, I fondly recall the “Problems in American Civilization” series of books that the College hosted. The series established Amherst College as a leader in the field. Why not do something similar online? The barriers to entry to publishing have never been lower, especially as print-on-demand books become more prevalent. Institutional repositories can run on open source software, and can be relatively inexpensive to administer.

Establishing an institutional repository is not just a “nice thing to do.” I think it’s imperative in terms of being seen, heard and discussed in the Internet age. A friend of mine has quipped, with apologies to Oscar Wilde, “The only thing worse than being sampled on the Web, is not being sampled.” There is no better way for a college to slip into obscurity than for its faculties’ work to be locked behind paywalls or copyright restrictions, or to not even be on the Web.

UMass has had an institutional repository, ScholarWorks, since 2006. It contains students’ dissertations and masters’ theses, as well as the articles and other works from selected schools at the university. Librarian Jay Schafer reported to me that the downloads from ScholarWorks — more than 137,000 in December 2009 — represented the third-highest return on investment for the library, after printed volumes and articles — at half the cost of printed volumes and articles.

Two of the biggest referring sources to ScholarWorks are Wikipedia and Google Scholar. What this means is that many UMass scholars are being discovered and cited only because their works exist on an institutional repository. Shouldn’t Amherst College faculty have this sort of exposure?

As one might expect, OA materials tend to be more downloaded than traditionally published materials. They are more cited than works that are locked behind paywalls. And they enable easier collaboration among researchers.

To help faculty assert their full rights as copyright holders, the library group known as SPARC — the Scholarly Publishing and Academic Resources Coalition — has devised contract language that authors can tack on to standard publishing contracts. The addendum guarantees authors’ legal right to self-publish their own works in open access formats. Science Commons has developed a “Scholar’s Copyright Addendum Engine” on its website to let authors choose and print out the right standardized addenda for them.[6]

Another important strategy is to put more of curricular materials online. M.I.T. pioneered this idea in 2001 when its president Charles Vest broke ranks with the prevailing thinking of the time — that universities would sell their knowledge in the marketplace — by announcing that M.I.T. would instead put all 2,000 of its courses online for anyone to use, for free. They called it OpenCourseWare.

It has taken many years and millions of dollars, much of it from foundations, to put the curricular materials online. But M.I.T.’s OpenCourseWare started an international movement. It has profoundly affected the teaching of science in China and many developing countries. Countless laypeople actually take the courses — although they don’t, of course, receive grades or M.I.T. degrees. This chart shows the immense Web traffic that M.I.T. receives from people browsing or using its OpenCourseWare — 1.4 million worldwide visitors in October 2009.

More than 150 institutions in twenty countries have now developed their own OpenCourseWare projects and banded together as the OpenCourseWare Consortium.
* * *

There are now countless Open Educational Resources projects. There is Rice University’s Connexions, which offers more than 6,000 learning modules created and used by people around the world. The Science Commons is pioneering the Neurocommons, a project to use the Semantic Web to organize the sprawling literature of neuroscience. There is a flourishing open textbook movement led by community colleges whose students often have to drop out because of the high cost of textbooks. Open textbooks are licensed under Creative Commons licenses and can be obtained for the cost of printing on demand — bypassing the publishers who keep churning out expensive new editions every two years.

Obviously, many of these initiatives may not have direct interest to Amherst College or even the Five Colleges. But they represent ways for academic communities to reassert control over their missions. Hal Abelson, the M.I.T. computer scientist who helped advance M.I.T.’s OpenCourseWare project, put it well: “Without initiatives like these, traditional academic values will be increasingly marginalized, and university communities will be increasingly stressed.”
Colleges and universities should not be content with playing the role of aggrieved consumers and fair-use supplicants in seller-dominated markets. They should use the new OER platforms to change the terms of debate and assert greater direct control over their own resources. Developing a more pro-active approach to copyright and digital commons can give academia a bigger seat at the table when the fate of the “knowledge economy” is discussed in Washington, the state capital and the courts.

Technology, law and economics are big factors driving the OER movement, but the rise of academic commons is not primarily about cost-savings and avoidance of copyright problems — although those are important, of course.

Open education is really about institutional mission and identity. It’s about maintaining academia as a commons. Can colleges and universities find the means to assure free inquiry and the free circulation of knowledge in the digital environment? Can they thwart market enclosures of their work, especially from the over-reaching of copyright laws?

Jimmy Wales, the founder of Wikipedia, has pointed out that the technology for wikis had been around a while. What was new with Wikipedia was its organizational leadership, governance structures and community ethics. Wikipedia was mostly a social innovation.

This is a sobering lesson: “all” we have to change is our social habits! That should be easy, but in fact it is the hardest challenge. Many faculty members don’t know or don’t care about the new-fangled digital systems. Tradition-bound institutions don’t necessarily welcome innovations from the periphery, where, in the networked world, it always originates. Nor do they necessarily want to mix it up with non-academics and practitioners. People have a natural aversion to changing technological systems and institutions. Issues of control and accountability quickly come to the fore. And so on.

Still, the future cannot be ignored. The power of distributed participation and digital commons is only going to intensify in the coming years. Academia has a lot to lose by ceding the terrain to market players intent on enclosing academic knowledge for private gain. And it has much to gain by embracing the “power curve” that is now breaking in its direction.

Obviously, there are lots of unresolved questions that I’ve laid out here, all of which deserve further exploration and dialogue. But there are also lots of energy and imagination among the scholars, librarians, students, hackers, Web jockeys and artists of the Five Colleges. That’s why my friend Marilyn Billings of the UMass Library and I are hosting an organizing meeting for a new group that, for now, goes by the name “Five College Commoners.” We will be meeting on May 3, at 7 pm at the Amherst Alumni House, and everyone’s invited.

It only takes a handful of resourceful individuals to help open up a whole new universe of possibilities. So we’re going to see what we can do.
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These remarks are licensed under a Creative Commons 3.0 Attribution-ShareAlike license. The author wishes to thank Bryn Geffert and the Frost Library, for hosting this talk and Kate Gerrity for making many arrangements. Thanks, also, to UMass librarian Marilyn Billings, open-access blogger and advocate, Peter Suber and MIT computer scientist Hal Abelson for sharing useful research materials with me. Of course, I bear all responsibility for any errors, omissions or mortifying gaffes.

Notes

[1] D.T. Max, “The Injustice Collector,” The New Yorker, June 19, 2006.

[2] Jennifer Howard, “In Court, a University and Publishers Spar Over ‘Fair Use’ of Course Materials,” Chronicle of Higher Education, March 19, 2010, p. A10.

[3] Kenneth D. Crews, “The Law of Fair Use and the Illusion of Fair-Use Guidelines,” Ohio State Law Journal, vol. 62, 2001.

[4] A comprehensive listing of OA journals can be found at www.doaj.org; current publisher policies on copyrights and contracts can be found at www.sherpa.ac.uk/romeo.php.

[5] So far, three institutions have adopted this policy: The Edinburgh Napier U (4/25/08) http://goo.gl/DX2D; the University of Liege (first phase 3/07, second and official phase 11/08) http://goo.gl/NGlb; and the University of Oregon Department of Romance Languages (5/14/09) http://goo.gl/43dN. For more, see “Open access policy options for funding agencies and universities,” SPARC Open Access Newsletter, February 2, 2009. http://www.earlham.edu/~peters/fos/newsletter/02-02-09.htm#choicepoints

[6] SPARC Addendum: http://www.arl.org/sparc/author/addendum.shtml; Science Commons’ Scholarly Copyright Engine: http://scholars.sciencecommons.org.

Selected Resources on Open Educational Resources

Atkins, Daniel E., John Seely Brown and Allen L. Hammond, “A Review of the Open Educational Resources (OER) Movement: Achievements, Challenges and New Opportunities,” February 2007, at http://www.oerderves.org/wp-contet/uploads/2007/03/a-review-of-the-open-educational-resources-oer-movement-final.pdf.

Bollier, David, Viral Spiral: How the Commoners Built a Digital Republic of Their Own (New Press, 2009). especially Chapters 11 and 12, pp. 252-293.

Committee for Economic Development, “Harnessing Openness to Improve Research, Teaching and Learning in Higher Education, September 2009, at http://www.arl.org/sparc/bm~doc/dcc_opennessedu_10-19.pdf.

Hafner, Katie, “An Open Mind,” New York Times, Education Life section, April 18, 2010.

OER Commons website, at http://www.oercommons.org

Open Access News [Peter Suber], at http://www.earlham.edu/~peters/fos/fosblog.html.

Suber, Peter, “Open Access, Markets and Missions,” November 2009 http://www.earlham.edu/~peters/fos/newsletter/11-02-009.htm#publicgood
——— , “Promoting Open Access in the Humanities,” January 3, 2004. http://www.earlham.edu/~peters/writing/apa.htm

“University and Cyberspace: Reshaping Knowledge Institutes for the Networked Age,” conference, Milan, Italy, June 28-30, 2010. http://www.communia2010.org/


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Mariangela Petrizzo Dicho , , , , ,

Miedo no…!

May 24th, 2010

Del Consejo Federal de Gobierno y su papel.

El reinicio de las tareas de organización del Consejo Federal de Gobierno ha ocurrido no sin polémica en algunos medios de difusión de información (incluído los medios de comunicación, pero también las plataformas de redes sociales como twitter, facebook y similares), en torno, fundamentalmente, a las razones de la demora en su constitución. Antes de pasar a refutar los argumentos que he visto se esgrimen para explicar no sólo la demora en organizar el Consejo Federal de Gobierno, sino también para explicar su realización en este momento, me gustaría contextualizar el momento político en que ocurre la convocatoria a la constituyente, lo que ésta implica y lo que a grosso modo, en términos de instituciones del Estado hemos evidenciado en los últimos 10 años.

Imagen tomada de VTV

Del proceso constituyente en la Venezuela de finales del siglo XX.

En términos rasos de su definición, un proceso constituyente busca construir (o reconstruir mejor dicho) los vínculos entre el Estado y la sociedad a partir de la definición del norte o proyecto social que dará sentido a la nación, y el modo en que ese proyecto será articulado a través de las instituciones administrativas y políticas del Estado. Los llamados a constituyentes persiguen, en resumen, la reorganización del Estado y el establecimiento de nuevos acuerdos entre Estado y Sociedad sobre la base de las tareas necesarias para la construcción de nuestro quehacer sociociudano.

Nuestro proceso constituyente, del año 1999 transcurre con este propósito y en atención a una necesidad de cambios en los acuerdos constitucionales establecidos en 1961, que se venía haciendo evidente en el discurso social y político desde finales de los años 80.  De modo que la convocatoria a constituyente hecha en el año 1999 recogió, de algún modo, ese deseo ya manifiesto en nuestro país desde hacía una década atrás, o más y que hicieron evidente en su momento varios de los voceros de partidos importantes del momento como COPEI, AD, MAS y Causa R entre otros.

Hablar de proceso constituyente nos podría llevar a establecer de modo explícito las diferencias entre el poder constituyente y el poder constituido. Mucho se ha dicho al respecto y hay muy buenas referencias que ayudan mucho, incluso, a dilucidar las diferencias básicas en sistemas democráticos con matices importantes entre si como el la democracia liberal y el de la democracia participativa (recomiendo artículo de Marta Harnecker: Notas para un debate sobre el poder Constituyente y el Poder Constituido).

Asumamos, de aquí en adelante que el poder constituyente no sólo es anterior al constituido, sino que es el encargado de darle forma, cuerpo y color al último siendo, además, imprescindible y vital para él. De modo que el proceso constituyente del 99 fue algo mucho más determinante  para nuestros destinos que la mera redacción de una ley, aún siendo ésta la máxima ley en nuestro país. Se trató del diseño de nuestra nueva institucionalidad nacional, la que daría cuerpo y sentido a nuestras nuevas propuestas como comunidad nacional.

Debimos saberlo entonces, pero para quien haya podido guardar alguna duda al respecto, cada día nos queda más claro que un proceso constituyente no acaba con la redacción de la nueva constitución (o documento de acuerdo sobre lo que es necesario hacer, conformar y orquestar para que la nueva sociedad tenga abrigo en un proyecto nación), sino que muy lejos de estar concluido en ese momento, es realmente allí cuando comienza a reorganizarse el Estado.

El Estado venezolano, ¿una entelequia?

Sobre el Estado venezolano su carácter monolítico, su enorme estructura y su gasto enorme es algo de lo que también se ha escrito bastante, desde hace décadas y no creo que sea menester repetir aquí. Hay una idea, que aunque puede sonar descabellada no pareciera del todo un sinsentido, sobre cuál Estado ocurre en las actuales condiciones socioeconómicas y organizacionales del sistema político. Hablo de varias cosas, entre ellas la falta de interoperabilidad entre ministerios con tareas cada vez más complementarias (por la misma condición de multidisciplinareidad de las soluciones a presentar a los distintos problemas sociales), con espacios de tareas asignadas, en atención a emergencias sociales a quangos (quasi non governmental organizations), y con irreconocimiento a algunas de ellas por parte de sectores de la sociedad muy claramente identificados. Esto nos hace pensar en que sería pertinente la pregunta sobre el saldo, a diez años visto del proceso constituyente, del proceso e reorganización del Estado, y si éste no ha quedado, más por motivos políticos que fundamentalmente operativos, como una “entelequia”, entendida ésta no en su sentido filosófico aristotélico (al go cuyo fin se completa en sí mismo) sino en su sentido irónico como  algo que es irreal o, en todo caso, muy lejano a ver su concresión en expresiones cercanas a lo aceptado debieran ser. De modo que asumiendo al Estado venezolano actualmente como una construcción en el camino de estar acabada o, al menos, en camino de concresión de lo acordado y aprobado en el proceso constituyente del 99, es frecuente la referencia a él en términos de su inexistencia o de su irrealidad.

Particularmente, soy de la opinión de que se hace complicado hablar de Estado cuando parte de la población y de los activistas de la política actual desconocen de modo deliberado su existencia y critican con los más descabellados argumentos en ocasiones, tanto al Estado como al Gobierno, desreconociéndolos como digo de modo deliberado, y cuestionándolos como entes de necesaria presencia para la constitución del orden social.

Es muy cierto que el proceo constituyente iniciado en el 99 no ha marchado para todos al ritmo deseado, y la creciente aprobación de la Ley respectiva (febrero 2010) y subiguiente conformación del Consejo Federal de Gobierno, pese a ser un instrumento clave en la planificación participativa y orgánica del Estado,  deja muchos elementos por los cuales recibir críticas, en especial la demora en su constitución.

La Ley del Consejo Federal de Gobierno

El Capítulo V De la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela contempla la definición y establecimineto de atribuciones a la estrutura del Consejo Federal de Gobierno en los artículos 185 y siguientes. Como órgano de claro papel determinante en la planificación nacional, uno hubiera esperado que, contrario a lo sucedido, la organización de su marco legal estuviera entre las materias prioritarias trabajadas por la Asamblea Nacional luego de su organización post constituyente.

El texto que fuera aprobado por la Asamblea Nacional y posteriormente vetado por el Ejecutivo Nacional (encargado de darle promulgación según nuestro esquema del proceso de promulgación de leyes), data del 2005, sin embargo su trabajo se remonta hasta el 2002. Un nuevo intento de discusión y aprobación se realizó desde el año pasado y concluyó con nuevas observaciones hechas por el ejecutivo a finales del año 2009 lo cual permitió su promulgación a comienzos del presente año.

Es importante tener las referencias consultadas, muy presentes, pues tanto en páginas gubernamentales como de activistas políticos se siguen evidenciando referencias equivocadas a los textos del 2005, 2009 o incluso los primeros del 2010 previo a su promulgación. El texto definitivo de la Ley es el publicado en la Gaceta Oficial Extraordinaria Número 5963 del 20 de febrero del 2010.

El miedo como razón frente a la novedad como motor del retraso operativo.

Entre las varias razones que he escuchado y leído en los últimos días para justificar la creación, en este momento, del CFG, está un supuesto temor (terror dicen) del Presidente de la República ante un posible resultado adverso en las elecciones de asambleístas el próximo 26S.

La teoría del “miedo” irracional del Presidente que le habría llevado a actuar de modo impulsivo en la constitución del CFG cae por su propio peso. Allende que es irracional hablar de tales actitudes en terceras personas desde un punto de vista casi que de análisis de bodega (me refiero a ese análisis que haríamos en la bodega de la esquina conversando varios entre nosotros mismos sobre las “intenciones”, “motivaciones” o “pensamientos” de Chávez, en función de nuestro “conocimiento” de la situación y su accionar como individuo), resulta que esta teoría no tiene mucho asidero a la luz de los recientes resultados de una investigación sobre democracia llevada a cabo por el Centro Gumilla, según la cual el 64% de los venezolanos están a favor del ideario de la Democracia Socialista (el estudio lo divide en “socialistas del siglo XXI” y “socialistas moderados” y, esta vez, no incluyen aquí socialdemocracia), frente a un 27% que estarían a favor de la Democracia Liberal. Tengo observaciones sobre algunas categorías de análisis presentadas en el estudio (creo que les faltó perfilar desde el punto de vista del análisis político algunas de ellas, pero eso es otro tema). A la luz de esos datos, no habría por qué tener miedo, ¿no?

Se me ha preguntado sobre mi “teoría” de que el CFG haya demorado 10 años en ser constituido. Yo la sitúo en la inoperancia de varios actores políticos. Y no es que esta respuesta contravenga, por que sí, a la teoría del “miedo”. Es que lo demuestran los mismos hechos. Los que asistimos como televidentes al acto de conformación del CFG, vimo que estuvo muy concurrido de actores de la oposición como para creer que existía en ellos algún dejo de victoria frente al miedo que podrían estar infundiendo en el Ejecutivo (según la teoría del “miedo” como motor de las decisiones del Presidente, esto es algo que podría inferirse ¿no?), de hecho se mostraron muy cordiales (salvo una excepción, por razones obvias de otros duelos), y hasta aprovecharon la colita para hacer peticiones para sus estados, y alguna declaración hipócrita y falsa también via microblogging pero que era de esperar.

Lamento desilusionar a quien pensó que yo podría venir con un arsenal contra el gobierno o las instituciones del Estado, o a aquél que pensó que vendría con alguna teoría concluyente. Lamentablemente mi respuesta no es ni una teoría ni mucho menos nueva. Hemos escuchado varias veces al ejecutivo nacional reconocer su demora  en varios ámbitos: en ejecución de obras, en aprobación y envío de recursos de emergencia u ordinarios, en la realización de trámites. Sin embargo, estamos claros que no es una acción exclusivamente declarativa la que debe operar en términos de atender los distintos retrasos e inclumplimiento de plazos y acuerdos y que debe hacerse mucho más.

Definitivamente echar a andar el carro del Estado requiere más que declaraciones … convicciones y esto, si creo que lastimosamente, no abunda por estos tiempos.


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Mariangela Petrizzo Dicho , , , , , ,

Declaración de Accesibilidad del Proyecto GNU

May 17th, 2010

Recientemente se ha publicado una declaración de acesibilidad del proyecto GNU (Una versión en castellano preparada por @4n1ta puede verse desde aquí) . Es una noticia que nos satisface mucho a quienes estamos, de alguna manera, al menos, sensibilizados con el tema de accesibilidad y tecnologías de información y comunicación en software libre.

  1. Tal y cómo el documento presenta de una forma muy clara, pese a haber más de medio billón de personas con discapacidades en todo el mundo (cifra del 2005), queda muy claro que, pese a la condición disímil de las discapacidades presentadas por personas en estas condiciones, en algún momento su acceso a las tecnologías de información deberán ser mediadas por algún computador que posibilite el uso de tecnologías para la accesibilidad. En otras palabras: no atender a este número de personas en todo el mundo es ignorar una realidad que nos toca la puerta a diario, es excluirles de información y pleno despliegue de sus condiciones de ser humanos, es negar su existencia. Y esto no ocure, por cierto, porque la tecnología sea el único medio de comunicarse o de ser en el mundo; sino, mejor, porque las tecnologías para la accesibilidad ofrecen respuestas a estas discapacidades, respuestas que posibilitan la inclusión social.
  2. Por otro lado, cerca del 90% de los sitios web disponibles en internet ignoran los criterios mínimos de accesibilidad. No hablaremos del porcentaje en que las herramientas de la llamada web 2.0 irrespetan estos criterios y de la profusión de su uso social en estos tiempos, ni de lasposibilidades que se abrirían para personas con discapacidades en caso de que respetaran criterios de accesibilidad. Tan sólo diremos, siguiendo el texto, que esto impide la interoperabilidad de estos espacios en internet, de las plataformas utilizadas y, final y dolorosamente, impiden la participación de los discapacitados en el conocimiento y problematización de esta tecnología.
  3. Los formatos privativos son un hecho que limita el acceso a usuarios con discapacidades a sus contenidos y a su uso, pues las aplicaciones propietarias que los manejan no cuentan con criterios mínimos de accesibilidad ni respetan los criterios establecidos desde el software libre para ello. Si hablamos de las aplicaciones privativas que se encargan de atender algunos problemas de discapacidad, debemos darnos cuenta de que se trata de cajas cerradas que sólo están previstas para ser funcionales frente a discapacidades preestablecidas y no ante particularidades específicas presentes en algunos usuarios con combinaciones de discapacidades cuya atención  amerita una mejora en las aplicaciones usadas, actividad ésta que sólo es posible realizar en software libre.
  4. La Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos y Discapacidad establece el uso de tecnología para reducir las limitacones de los discapacitados y garantizar el respeto de sus derechos. En atención a esta convención y las condiciones mostradas antes, el software libre emerge como una excelente alternativa para dar respuestas tecnológicas a estos problemas y hacerlo no sólo de manera local y particular, sino también de modo global.
  5. En términos locales, la opción del software libre para atender la incorporación y pleno desarrollo del ser en personas con discapacidades es, definitivamente, la mejor opción pues permite a un bajo costo (comparativamente hablando y con respecto a los costos derivaos de la aplicación y utilización de aplicaciones privativas) la atención de respuestas a personas con discapacidades y necesidades de atención inmediata.

Estas circunstancias no pueden pasarnos desapercibidas, ni pueden resultarnos indiferentes. Se hace necesaria, por tanto, la comprensión de la importancia y pertinencia del software libre frente a estas necesidades sociales, y también el diseño de mecanismos de incidencia sobre los engranajes de formación de políticas públicas de tal suerte que el aporte estatal al financiamiento de investigación y desarrollo de hardware y software libre para la atención de discapacidades sea un hecho irrefutable para nuestros investigadores y desarrolladores.

Pero además, se hace imprescindible también la reivindicación de proyectos locales que ya se están desarrollando no sólo para atender discapacidades puntuales como KAKAPO (proyecto de Mundoaccesible encargado de traducir texto a voz para personas con discapacidad visual), y la generación de capacidades locales para atender nuevos desafíos, nuevas propuestas, nuevas necesiades que vienen surgiendo desde muy cerca de quienes actualmente están liderando proyectos de desarrollo en software libre, y que es necesario también atender en el corto plazo. Demás está decir que estas capacidades para atender los desafíos de dar respuestas tecnológicas a las discapacidad como parte de su solución, son no sólo técnicas sino también sociocomunitarias.

Con una estrategia conjunta de: sensibilización política, formación y generación de capacidades, apertura a grupos interdisciplianres que puedan sustentar investigación y desarrollo en estas áreas y atención a discapacidades de mayor incidencia nacional podríamos lograr en Venezuela un impacto tremendamente posibito de esta declaración de la fundación GNU para sus desarrolladores.


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Mariangela Petrizzo Dicho , , , , ,

Tres, Cuatro, Cinco o Seis grados de separación ¿Realmente hacen la diferencia?

May 9th, 2010

A finales de los años 60 del siglo pasado, Milgram demostró, tras un estudio hecho en Estados Unidos utilizando como medio mensajes de correo postal, que entre dos personas desconocidas habían, cuando mucho, seis personas (contactos) . Ese experimento, conocido como el “experimento del mundo pequeño de Milgram” es lo que conocemos hoy como la teoría de los “seis grados de separación”. Esto es lo que dice la wikipedia al respecto del experimento:

“El fenómeno del mundo pequeño es la hipótesis sobre lo corta que resulta la cadena de conocidos que se requieren para conectar una persona cualquiera a otra en cualquier lugar. El concepto hizo famosa la frase “seis grados de separación” después del experimento de Stanley Milgram, durante 1967. En ese experimento a una muestra de personas de Estados Unidos se les pidió llegar a otra persona pasando el mensaje a través de una cadena de conocidos. El promerio de la distancia de cadenas exitosas fue de unos cinco intermediarios o seis grados de separación (la mayoría de las cadenas en estudio en realidad no llegaron a ser completadas). Los métodos del experimento de Milgram  (y también su ética) luego fueron cuestionados por un académico americano, y algunas de las investigaciones posteriores han demostrado que en realidad se requieren cadenas más grandes de conexión. Hoy día los investigadores siguen explorando este fenómeno a la luz de la comunicación basada en la tecnología de internet, que ha suplantado al teléfono y a los sistemas postales que eran los disponibles en la época de Milgram. Una reciente estudio electrónico del mundo pequeño en la Universidad de Columbia halló que son suficientes entre cinco y siete grados de separación para conectar dos personas a través de correos electrónicos”

Hoy día, el auge de las nuevas tecnologías de información y comunicación y los estudios derivados de la aplicación de la teoría del Mundo Pequeño a las relaciones que estas favorecen, han conducido a  conclusiones que apuntan a mostrar que según la aplicación utilizada para mediar las comunicaciones en las redes sociales (plataformas de redes sociales) los grados de separación sguen variando entre cinco y siete.

  1. Judith S Keinflied habla del “Mito de los seis grados de separación” y fundamenta su posición en las siguientes observaciones. (Es objetable que lo que la autora presenta sean razones den lo que menciona como un “mito” en torno al estudio de Milgram, pero su trabajo es una referencia obligada):
    • Tanto los trabajos anteriores de Milgram como ese mismo responsable de su fama y la falta de puesta en prueba de su metodología; hacen que sea para la autora, una exageración el crédito otrogado a sus planteamientos pues la mayoría de las cadenas producidas a lo largo del experimento no llegaron a completarse.
    • La noción de seis grados de separación es realmente muy importante, pero Keinflied se pregunta sobre la razón por la cual este planteamiento es tan fácil de creer y sobre aquello que nos dice del modo en que trabaja la mente humana.
    • En 1998, un artículo publicado en la revista Nature, propone una formulación matemática de la teoría de los seis grados de separación. Además, desde  otras  disciplinas se observa una suerte de fascinación por explorar las posibilidades explicatorias de la teoría del mundo pequeño en problemas de neurociencia o medicina (como en el campo de propagación de enfermedades, por ejemplo).
  2. Un estudio realizado en la Universidad de Columbia en el año 2003 confirma la teoría de Milgram del 67. Se realizó con unas 60.000 personas entre 166 países. A los participantes se le asignó uno de las 18 personas-objetivo escogidas y se les pidió que enviaran un mail a alguien que pensaran estaría cerca del objetivo asignado. Se completaron unas 384 cadenas. Adicionalmente, los investigadores (entre ellos Duncan Watts)  concluyeron que uno de los factores del éxito de este tipo de estrategias para contactar a terceros a través de una red social, tiene que ver con la percepción de que es posible hacerlo.  Los detalles pueden verse desde aquí y aquí.
  3. Un estudio hecho en Francia, entre los usuarios de telefonía celular de una empresa determninó que los grados de separación entre dos desconocidos pueden llegar a ser sólo tres. Se tomaron varios grupos etarios y los resultados fueron similares. En todos los casos había una herramienta, aplicación o tecnología que era identificada por los encuestados como la clave de la conectividad actual. En el caso de los adultos mayores de 40 años se trataba del teléfono y el correo electrónico; en el caso de los más jóvenes se trataba de Facebook. En esas circunstancias parece que nunca antes de ahora había sido tan fácil interrelacionarse con otros.

Hay también otros estudios que trabajan esta teoría aplicada a ámbitos profesionales específicos. ¿Conocen “El oráculo de Bacon“? Estudia la distancia entre un actor y Kevin Bacon.

Admitiendo que, efectivamente existen, al menos, seis grados de separación entre dos personas desconocidas entre si, me gustaría retomar lo que se comentó más arriba con respecto a que según qué aplicación o plataformas de redes sociales se utilice, esos grados de separación pueden variar desde tres hasta seis.

Recientemente se ha dado a conocer un estudio sobre Twitter, por ejemplo que muestra que en esta plataforma las cadenas completas tienen una longitud que en su mayoría no supera los cinco grados. El estudio en cuestión, desarrollado por la empresa Sysomos, Inc., utilizó en su análisis unas 5.200.000 relaciones en twitter (entre amistades y seguidores), a fin de analizar la conectividad en esta plataforma de redes sociales. En el transcurso de la investigación se encontró lo siguiente:

  • La distancia de amistad más común es de cinco pasos (el promedio es de 4,67 pasos)
  • La egunda distancia más común es de cuatro pasos
  • En promedio, cerca del 50% de las personas en Twitter están sólo a cuatro pasos de cada otro, mientras que la cercanía a cualquiera es de sólo cinco pasos.
  • Después de visitar un promedio de entre 3 y 32 personas en una red de amigos, los usuarios de Twitter pueden encontrar al menos uno de sus seguidores.

Gráfico de los resultados del estudio

¿Y qué ocurre con otras plataformas de redes sociales como Facebook?  Son muy conocidas varias aplicaciones en esta plataforma de redes sociales dedicadas a la explotación con fines académicos o de amistad, del cálculo de distancias de cercanía entre dos usuarios determinados (Circle of Friends, ). La aplicación “Six degrees of separation“  o su equivalente en castellano “Seis grados de separación” por ejemplo, pretende proporcionar información sobre la distancia entre dos personas distintas en Facebook, sin embargo no parecen haber pasado de ser páginas captura usuarios con la promesa de aportarles este dato.

Interesante ésto cuando se piensa en difusión de información a los ciudadanos o movilización de masas.


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Mariangela Petrizzo Dicho , , , , , , , , , , , , , , , ,

Haciendo currícula para las utopías

May 7th, 2010

A través de @dreig conocí en el día de hoy la idea de la Universidad de las Utopías que no pasaría de ser una iniciativa meramente romántica como muchas otras, si no fuera por que viene acompañada de todo un andamiaje pro activismo social del conocimiento que resulta poco menos que cautivante. A continuación anexo una traducción de su presentación:

La Utopia de Tomás Moro (1516) revela por vez primera la paradoja del mundo moderno: la posibilidad de la abundancia (libertad) en una sociedad de la escasez (no libertad), y los peligros que encierra esta situación paradójica para el desarrollo de la sociedad capitalista emergente.

Frente a esta situación, Moro plantea el espacio de la educación universal como el lugar donde esa paradoja encuentra resolución pues (según su planteamiento) los placeres más sublimes son los de la mente y la verdadera felicidad depende de su realización. Como isla universal, Utopía es también una escuela universal para todos sus ciudadanos donde cualquier aspecto de la vida social de los ciudadanos se centra en la educación. Los ciudadanos participan en lecturas públicas en las mañanas, en discusiones en vivo durante las comidas y al final del día reciben supervisión directa de sus tutores.

Robert Hutchins, en el libro University of Utopía, revisa la idea de Moro, reviviéndola en una alegoría liberal humanista de la educación superior.  Para Hutchins “El objetivo del sistema educativo, tomado como un todo, no es producir mano de obra para la industria o para enseñar a los jóvenes cómo hacer un living. Es producir ciudadanos responsables”. La visión de Hutchins ha sido repetida y apoyada en un número cada vez mayor de literatura crítica a la comercialización a la educación superior.

A pesar de ello, esta literatura crítica se ha esforzado en proporcionar alternativas convincentes frente al “capitalismo académico”. La ausencia de una alternativa radical se presenta no por falta de imaginación, sino en virtud de la naturaleza misma del humanismo-liberal. Para Zizek el humanismo liberal “se opone a cualquier cuestionamiento serio sobre la forma en que este orden liberal-democrático es cómplice de los fenómenos que oficialmente condena, y, por supuesto, a cualquier intento serio de imaginar un orden socio-político diferente “. Para Zizek, esto supone  “la prohibición de pensar … pues en el momento que uno cuestiona seriamente el consenso liberal existente, se nos acusa de abandonar la objetividad científica por posiciones ideológicas anticuadas.”

En la página en cuestión se propone recuperar las más recientes críticas a Moro, e ir más allá del fundamentalismo liberal de Hutchins’s, para imaginar un futuro real, radical, para la educación superior. Es por ello que han lanzado la propuesta activista: “Anti-curricula: a course of action” con el lema “We do not need education without needing a world that is being destroyed“  (no necesitamos educación sin necesitar a un mundo que se está destruyendo) y en los panfletos que distribuyen para socializar la propuesta se establecen 10 principios:

  1. Énfasis en la educación partiendo desde el confinamiento de las relaciones sociales por  la lucha de la vida diaria, en contra las relaciones jerárquicas en las instituciones, académicos y estudiantes.
  2. Compartimos nuestro trabajo en la educación, de modo que un día uno pueda ser libre a través de la educación. Como acto, puede ser una forma desesperada de esperanza, pero como acto consciente de la lucha anti-alienación, compartir (sharismo) puede ser emancipatorio.
  3. Hemos sido objetivados como “estudiantes” y “profesores”, pero estos son conceptos ilusorios. Compartir sirve para resistir la “comodificación” de nuestras vidas y escapar a las medidas del Capital, su control de “calidad” y su máquina de apoyo a la vida de la “eficiencia”
  4. Compartir trae el curriclum a la vida como un flujo de indeas, una imparable e irrefrenable masa de intelectualidad que no reconoce disciplinas y responde a cada acto de disciplina.
  5. La institucionalización del compartir es la absorción del compartir en el proceso alienante de la institución. Como lucha por la libertad esto es vano, pues la crisis permanece.
  6. El lugar de la lucha no es el intercambio sino la producción. En la esfera de la producción, compartir es un acto revolucionario que se convierte en un reconocimiento de lo que es común. No hay nada revolucionario en actos de intercambio.
  7. Compartir nuestro trabajo  en esta forma es un acto de producción comunitaria (colectiva, de los comunes). no hay intercambio, no hay regalo, simplemente un flujo de contribuciones de los comunes. Cada empresa, cada calle, cada pueblo, cada escuela, es potencialmente una comuna, un lugar de producción comunal que busca disolver las preguntas sobre las necesidades.
  8. Los límites existentes son irrelevantes cuando recordamos a la humanidad en el intercambio, la dicha de dar y recibir la salud inmaterial del conocimiento que realmente existe, y el plaser de crear relacione sociales que resistan el principio de organización de la propiedad privada y el trabajo asalariado.
  9. El deseo del comunismo es un deseo productivo que no encuentra ninguna carencia. Expresamos este deseo intercambiando, entendiendo como una fuerza social, o un currícula de acción contra un mundo que está siendo destruido.
  10. Compartir es criticar el estado presente de las cosas. Las condiciones de esta crítica resultan de premisas que existen ahora. Compartir es la negación de nuestra negación.

Algunas de estos principios ya los hemos planteado en otros post de este blog. ¿Tienes algun principio que incluir?


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Mariangela Petrizzo Dicho , , , ,

La autoconstrucción y su papel en el problema habitacional

May 5th, 2010

Por destinos de la vida que, de todo corazón hubiera querido cambiar, hace algunos años cuenta como mi único haber una parcela en una urbanización en Mérida. Eso, que para mi siempre pasó desapercibido en este momento se viene convirtiendo en una opción para nosotros y nuestros compadres (con quienes hemos decidido compartirla) para que las dos familias tengan una casa propia, lo cual, teniendo tres chamos creciendo es para nosotros absolutamente necesario y no esperaría que me tildaran de capitalista por ello.

Hace unos años atrás, cuando aún esa parcela no me pertenecía, mi madre intentó hacer una construcción allí. Por ese enotnces esa parcela era de mi madre, mi hermano, un socio de mi papá y mi persona. Entonces no hubo conformidad con el proyecto presentado y las cosas se enfriaron. Años después mi madre separó las parcelas vendió (regaló en realidad) una de ellas y la otra me la asignó a mi.

Mi familia y yo estuvimos fuera del pais en proceso de formación doctoral y a nuestro regreso a Venezuela, retomamos con estos compadres la posibilidad de que ese pequeño terreno pudiera servir a las dos familias para aliviarse un poco de una de sus carencias más básicas: la vivienda. En este momento hemos llegado a un acuerdo de proyecto y decidimos iniciar la tramitación de lo relativo a la permisología para poder iniciar la tarea de construcción a través de la autogestión de ambas familias y pese a que nuestras condiciones actuales no son ni siquiera remotamente cercanas a aquellas que nos reunieron años atrás en un sueño similar.

Con proyecto listo, permisología andando (las condiciones de ese trámite merecerían otro comentario a buen seguro, pues los trámites no son sólo ridículos a veces sino, incluso, absurdamente repetitivos) decidimos acometer la búsqueda de los recursos necesarios para poder financiar parcial o totalmente el proyecto.

Estas han sido nuestras opciones:

  1. Los padres de estas dos familias que cito son profesores de la Universidad de Los Andes, de modo que esa es la primera puerta que casi siempre se toca en términos de pedir financiamiento. Allí nos encontramos con lo siguiente:
    1. Existe un “crédito por sorteo” de hasta 100mil BsF al que se opta, como bien digo, participando en un sorteo pero para el cual debe presentarse una garantía en prenda. Esta garantía para la Universidad NO PUEDE, en ningún caso, SER UN TERRENO. Alegan que “por las invasiones” no pueden correr el riesgo. Todo ello aún sabiendo que nuestra parcela (dividida hoy en dos lotes para facilitar todos los trámites y la posterior asignación de propiedad sobre lo construido) es nuestra única posesión (nuestro carro aún es de la Universidad por el crédito que les pagamos) y, además, está catalogada como suelo de urbanización que sólo permite construcción de vivienda unifamiliar, lo cual automáticamente la excluye de su atractivo para custodia.
    2. Existe un crédito hipotecario que NO ES OTORGADO PARA CONSTRUCCIÓN sino que se otorga, desembolsado por cuotas, una vez que ya hay una construcción andando en el terreno. La recomendación del personal de atención al público es: “consiga 40 o 50 mil Bolívares, construya y luego solicita el crédito con nosotros”. La tasa y los montos mensuales son atractivos: 1500BsF al mes por 250mil Bolívares de crédito a 25 años. La trampa: al desembolsarse según el avance de la construcción, de cada cuota que se desembolsa se descuentan gastos administrativos, el costo del ingeniero o ingeniera que ellos designan para hacer la inspección (otro distinto al ingeniero o ingeniera residente en la construcción), y una cuota X. De modo que, probablemente de los 250 mil bolívares uno acabe recibiendo algo más de 240 mil.
  2. Al ser los cuatro jefes de familia trabajadores (asalariados ellos, por cuenta propia ellas), decidimos acudir a los bancos del Estado, conscientes (o mejor dicho, expectantes) de que el problema habitacional ha tenido muycho espacio discursivo y que, además, la autoconstrucción resuelve dos problemas básicos: a) genera empleo y b) permite salir del terrible círculo vicioso de las empresas de construcción que son las que suelen inflar unas tres o cuatro veces los precios reales de la construcción (en términos de materiales y mano de obra). Sin embargo, nuestra sorpresa fue enorme:
    1. Tal y como nos lo informara la operadora del Banco de Venezuela que nos atendió NO HAY en ningún banco del Estado (ella dijo “del gobierno” pero todos sabemso que no son del Gobierno sino del Estado), políticas crediticias para la autoconstrucción. ¿Le pareció crudo? espere a leer lo que sigue.
    2. Es más, los créditos para construcción sólo lo otorgan (según nos informó sólo en contados bancos estatales) para  empresas de construcción constituídas. Les había dicho que ésas son las que inflan los precios (en la mayoría de los casos)?. No creo que alguien pueda obviar esta última afirmación de mi parte, pero les pondré un ejemplo: Una amiga compró un apto de 86mts2. Su negociación inicial la hizo en 280mil bolívares, hace casi tres años. El apto sería entregado un año después, es decir hace casi dos años de modo que no debía pasar ninguna de las cuotas especiales y especialísimas para cubrir: opción de compra, cuota inicial y la cuota que debía pagar pues la LPH no cubriría todo el monto solicitado. Bien, desde entonces la construcción ha sido retrasada al menos unas cuatro veces y el precio (ya elevado) ha aumentado casi el doble, además, el constructor decidió que el apartamento que ella había escogido no era el que le darían porque se lo reservó para si diciéndole algo menos que “si no le gusta puede retirar su dinero”. Finalmente no le gestionaron LPH sino un crédito hipotecario para adquisición de vivienda a través del Banco Provicincial y quedará pagando más de 2000 BsF por unos 200 mil Bolívares Fuertes de crédito. Me cuesta creer que la construcción en serie de estos aptos prefabricados haya subido tantísimo en tan poco tiempo y que, además, los reiterados abusos de la compañía constructora sobre sus clientes no sean penalizados por ningún ente público.
    3. Los créditos hipotecarios SOLO SE OTORGAN para adquisición de vivienda principal O SECUNDARIA para venezolanos O EXTRANJEROS con o sin permiso de residencia en el país, y en ningún caso para CONSTRUCCIÓN. Salvo que, como dije antes, se trate de una persona jurídica encargada de construir. Es decir los créditos hipotecarios están reservados a las empresas que especulan con la construcción y a los consumidores nacionales o extranjeros incautos que quedan (con perdón) ensartados por ellos. No se nos informó de OCVs.
    4. Amablemente la operadora nos “sugirió” que optáramos por el crédito de linea blanca o línea marrón (Cómo????) cuyo monto máximo es de 150 mil bolívares para hacer algo de la construcción y luego pedir otro crédito igual para terminar. ¿Es decir que al banco no le interesa en qué utilizo el dinero que les pida siempre que no lo use para construir? La ejecución de ese crédito es “transparente” para el banco, nos dijo. Los requisitos para ese crédito (para el caso de 150mil) son: antigüedad mínima de 6 meses con el banco en cuenta corriente con promedio mensual de 15mil bolívares y saldo al cierre de cinco mil bolívares para asegurar el pago de las cuotas mensuales del crédito. Es decir, necesito “demostrar” que ingreso mensualmente 15mil bolívares y que puedo tener “libres” al mes cinco mil para pagar el crédito para que me den un crédito de 150mil bolívares a 36 meses? en 36 meses con cinco mil bolívares “libres” cada mes.. ¿alguien me saca la cuenta de cuánto tendría en esa cuenta? algo así como 180mil sin cálculo de comisiones, claro. ¿Un chollo, no? Claro está, en realidad nosotros sabemos cómo se construyen esos “falsos positivos” en saldos promedios al mes en los bancos: son los mismos cinco mil bolívares de la cuota mensual que se pasan “bailando” de un banco a otros en depósitos y retiros hasta hacer los “15mil bolívares de saldo promedio” . Si eso no es parte de una burbuja de especulación que venga Dios y lo vea. (1)
  3. Los bancos comerciales en que tenemos cuentas han sido siempre nuestra tercera opción por varios motivos:
    1. Los padres de familia involucrados en este proyecto autoconstructivo estamos convencidos que las declaraciones presidenciales sobre el interés y la motivación hacia a la atención de la carencia y carestía de vivienda no son meramente enunciativas y además, nos sentimos convencidos del proceso que se gesta en nuestro país.
    2. Los bancos comerciales tradicionalmente han ofrecido tasas de interés mucho menos atractivas que los programas públicos de adquisición o compra de vivienda.
    3. Pensamos que “debe haber una política nacional para construcción de vivienda” Vaya sorpresa. Doble sorpresa diría yo:
      1. La banca comercial tiene casi la misma tasa de interés en todos lados
      2. La banca comercial, al igual que la pública, no ofrece crédito para construcción, a menos que Ud sea una empresa de construcción (ya hablé de esto arriba no?) y sí para compra de vivienda principal o secundaria para personas nacionales o extranjeras con o sin residencia en nuestro pais.
  4. En fechas anteriores hemos intentado obtener información del modelo de petrocasas o de algún apoyo local a la construcción y salvo el programa de sustitución de rancho por vivienda, me temo que por tener un terreno en una urbanización estamos excluidos del acceso a esos programas. En el caso de las petrocasas, además, he sabido recientemente que hay un importante embudo en la asignación de las mismas a nivel de fábrica, el cual espero que se alivie pronto. Pero en todo caso, soy consciente que la construcción anual de algunas miles de viviendas no solucionan el problema a fondo.

Muchas veces lo que uno escribe es utilizado como bandera para criticar al gobierno o para asignarle a uno una posición distinta de la que uno profesa.. o peor, para asignarlo a uno en cualquier grupo de modo malintencionado. Sin embargo esta situación con el problema habitacional no puede pasarnos desapercibida por varias razones.

  1. El problema de la vivienda es uno de los grandes problemas transversales de nuestro país. No lo digo yo, una ciudadana “más” (aunque no creo que hayan ciudadanos de primera y de segunda), sino que es algo de lo que se evidencia hay conciencia desde mucho tiempo atrás en el ejecutivo.
  2. Nuestro problema habitacional no puede resolverse con una única estrategia de ataque. La estrategia de atención a situaciones problematizadas de nuestra nación, y por tanto problemas sistémicos, debiera privilegiar la atención a varios flancos. Construyendo viviendas de interés social que luego son vendidas a los ciudadanos a un costo de 150mil BsF no solucionamos nada, como tampoco solucionamos nada regalándolas.
  3. La estrategia de atención al problema habitacional no debiera, a mi juicio, incluir NINGUNA política pública para empresas que constantemente abusan de sus clientes (ciudadanos desprovistos de vivienda principal en su mayoría)  a quienes estamos ensartando en una espiral asfixiante para cubrir las cuotas especiales de esas construcciones y los pagos del crédito posterior.
  4. Debe haber una celosa contraloría de la forma en que funcionan las constructoras. No hablo sólo de una contraloría operativa, sino también de una contraloría a los SERVICIOS que se prestan y el grado en que los ciudadanos los avalan en términos de calidad, pero también en términos de adecuación con criterios de respeto.
  5. La autoconstrucción, DEFINITIVAMENTE, debe ser avalada con políticas y planes gubernamentales y estatales. No me resulta creíble que en la época en que mis padres construyeron la casa en que me crié les fue posible tramitar un crédito hipotecario para la construcción, destinando un 10% del ingreso principal de la familia a su pago (aproximadamente 1.400 BsF al mes desde el año 1975) y que yo no pueda hacer lo mismo para mis hijos o que para hacerlo tenga que incurrir en engaños a la banca (generando un flujo en mis cuentas que no es tal, utilizando créditos de unos fines para otros), especulación a terceros (encareciendo los servicios que presto para poder cubrir mis propios gastos ya de por si elevados) y, además, destinando aproximadamente uno 200% de mis ingresos para poder cubrir los gastos derivados de un crédito insuficiente para construir mi vivienda.
  6. Se hace urgente atender el problema de la vivienda en nuestro país, como dije antes, desde un punto de vista holístico e integral. Hay muchas personas como yo que tienen espacio dónde construir. En mi caso, porque creo en la necesidad de ayudarse y acompañarse unos a otros, decidí compartir con nuestros compadres (en igual situación que nosotros) ese espacio, pero es algo que no todo el mundo hace, y que tampoco hice yo porque me asista una condición especial, sino , creo, por tener otro nivel de percepción sobre las cosas. (por ejemplo, pude haber hecho la misma división de lote y venderlo a un tercero, especulando con su precio para tener “efectivo”)
  7. Se hace imperativo apoyar el desarrollo de tecnologías locales para introducir la variable local en la resolución del problema. En varios estados del país hay investigaciones y desarrollos locales que pueden ser parte de la respuesta que se de al problema habitacional y pueden reducir el efecto del bloqueo empresarial sufrido por lel retiro del mercado de algunos productos como cemento y derivados.

¿Se te ocurren algunos motivos o propuestas adicionales?

(1) Mi familia, constituida actualmente por dos adultos y tres menores, que no incurre en gastos suntuarios (o al menos yo no lo considero así) y es productiva vive al borde. Nuestros gastos mensuales rozan los cuatro mil bolívares/mes, y por circunstancias de la vida que preferiría cambiar, no pago vivienda en este momento aunque NO tengo vivienda propia. Un 60% (o algo más) de esos gastos se corresponden con gastos de alimentación y servicios públicos, el 40% son asignados a pago de colegios y actividades extraescolares de tres niños y pago de tarjetas de crédito.  No se incluyen gastos de recreación. No hablaré de los ingresos, tan solo que hay importantes deudas no cubiertas con el personal universitario y que por razones derivadas de las ridículas posturas políticas asumidas con el consejo universitario (así, en minúsculas) de la Universidad de Los Andes, sospecho que no hacen mucho por solventarlas, ni por plantear, de un modo serio la abrupta reducción del salario real del personal. Pero en todo caso, estoy convencida que el problema no es de salario (en el fondo) porque si ganáramos 11mil bolívares al mes como dicen que ganan algunas personas en otros sectores de la economía, los especuladores de la vivienda, los servicios y la alimentación se encargarían de consumirnos ese mismo 60% o más, para satisfacerse a sí mismos y sus niveles de ganancias aspirados.

ACTUALIZACIÓN

Como noticia del día de hoy, estoy viendo esta entrada en el Diario Frontera:

Caracas.- El Ministerio del Poder Popular para las Obras Públicas y Vivienda (Mopvi) estableció en 10 por ciento el porcentaje mínimo de la cartera de crédito bruta anual que con carácter obligatorio deben colocar, con recursos propios, las instituciones financieras obligadas a conceder créditos hipotecarios, destinados a la adquisición y construcción de vivienda principal.

Así lo establece una resolución publicada en Gaceta Oficial número 39.416, de fecha martes 4 de mayo de 2010, la cual reseña que a efectos de esta resolución, la cartera de crédito bruta anual será la correspondiente al 31 de diciembre del año inmediatamente anterior al periodo en el cual se efectúe la medición correspondiente.

Quedan excluidos de la cartera de crédito bruta anual los créditos otorgados con recursos regulados por los regímenes en materia de vivienda y hábitat.

La distribución del porcentaje
De igual manera, la resolución en su artículo 3 indica que, las instituciones financieras deberán distribuir el porcentaje de la siguiente manera: 60 por ciento para el otorgamiento de préstamos hipotecarios que financie la construcción de viviendas destinadas a grupos familiares con ingresos mensuales que no excedan los tres salarios mínimos.
Igualmente, 40 por ciento para el otorgamiento de préstamos hipotecarios que financie la construcción de viviendas destinadas a grupos familiares con ingresos mensuales que superen los tres salarios mínimos en adelante.

Las instituciones financieras deberán destinar el porcentaje establecido en 80 por ciento para el otorgamiento de préstamos hipotecarios a grupos familiares con ingresos mensuales que no excedan de tres salarios mínimos, que deberán ser distribuidos en 60 por ciento para el mercado primario y 40 por ciento para mercado secundario.

El Banco Nacional de Vivienda y Hábitat (Banavih) efectuará un seguimiento mensual de lo establecido en la presente resolución, y aplicará sanciones previstas en el decreto con rango, fuerza y valor de la Ley de Régimen Prestacional de Vivienda y hábitat. ABN

Me queda aún la duda de si estos créditos para construcción se destinarán a propietarios de terrenos o a dueños de constructoras. Espero, de corazón que sea una de las varias salidas que se pueden buscar para favorecer, además de otras estrategias, la autoconstrucción.

Por cierto, reflexionando hoy sobre este texto escrito, pensaba que son las mismas empresas constructoras que disfrutan del beneficio de un crédito para construcción las que secuestran todos los espacios de beneficio colectivo y siembran allí centros comerciales. ¿No es eso lo que ha ocurrido en nuestra ciudad? Al escribir este artículo había olvidado que ésa una razon adicional a la especulación, para no apoyar con fondos públicos a constructoras privadas, salvo evaluación previa positiva de su desempeño.


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Mariangela Petrizzo Dicho , , , , , , , ,

¿Redes sociales o servicios para las redes sociales?, a vueltas con los mismos dilemas

May 4th, 2010

Cada vez con mayor frecuencia se encuentra una referencia equivocada a la idea de Redes sociales, asociándola a la idea de Servicios (o plataformas) de redes sociales como sinónimos. Es algo que ya hemos mencionado en otras ocasiones en este mismo blog (1), (2) y (3), al mostrar la preocupación que causa el que con tanta velocidad e impacto se difundan conceptos equivocados sobre el análisis de redes sociales.

Recientemente esta preocupación se ha hecho más alarmante al ver que en la Wikipedia se incluía en la entrada “redes sociales” un texto referido a las plataformas de redes sociales. Aunque no para todos la Wikipedia en castellano sea una referencia en investigación, lo cierto es que su tráfico mensual de visitas nos revela la necesidad de atender esos espacios como parte del proceso de divulgación del análisis de redes sociales.

La discusión asumida en la lista de distribución REDES ha traido algo de cola y de mucho trabajo por hacer. Comenzamos por trabajar lo inmediato: asumir la mejora del texto y del material disponible en la entrada con la siguiente estrategia:

  1. Traducir el texto correspondiente a la entrada en inglés. Al evaluarlo se observó que era mucho más adecuado para mostrar el panorama a quien se acerca a conocer sobre redes sociale y su análisis.
  2. Revisar las llamadas externas e internas a la Wikipedia para ajustarlas también al contexto. Nos percatamos de varios problemas a atender: Entradas inexistentes en la wikipedia en castellano con llamadas en el texto en inglés que debían ser a) elaboradas o b) suprimidas; entradas duplicadas o con contenido no ajustado al contexto de redes sociales en los términos que hemos descrito antes y que debe ser depurado por ser confuso; y también la necesidad de incluir nuevas llamadas referidas a conceptos y experiencias propias del análisis de redes sociales en iberoamérica.
  3. Enriquecer la entrada de Redes Sociales y asumir su mantenimiento.

La discusión que se generó en torno a este trabajo fue resumida por Isidro Maya Jariego en su blog y fue quizás lo que contribuyó a dar un empuje mayor a los empeños de trabajar en la Wikipedia, pues es fundamental acometer el trabajo de socialización en redes desde varias ópticas.

De algún modo, el marketing viral ha hecho que sobre los servicios de redes sociales se divulguen tanto imprecisiones como errores conceptuales, aunque con cada vez mayor frecuencia nos encontramos con resistencias a ese marketing que nos abruma y nos impide ver los árboles a pesar del bosque.

Sin ir muy lejos, me gustaría destacar dos hechos.

  1. La entrada de Social Network de la Wikipedia en inglés comienza llamando la atención sobre la necesidad de no confundir las “redes sociales” con los “servicios de redes sociales” ni con “facebook”. Esto es un importante llamado de atención que, además, hemos decidido mantener en la entrada en castellano de la misma Wikipedia.
  2. Algunas aplicaciones de redes sociales comienzan a montar su propio caballo de batalla en pro de la emancipación de estos conceptos secuestrados por el marketing. He podido ser testigo de ello en la aplicación SocnetV que dice en su descripción de aplicación lo siguiente:

Social network analysis and visualisation application (SocnetV)

SocNetV is a graphical application designed to be an easy tool for Social Networks Analysis and Visualisation (not to be confused with social networking, as in online communities). With it, one can load and visualise networks of various formats (GraphViz, Adjacency, Pajek, etc), and/or visually create and modify a network in a point and click fashion.

The program can also compute network statistics and properties (such as distances, centralities, diameter) and apply some layout algorithms for more meaningful visualisation of your networks. Furthermore, socnetv can create simple random networks (lattice, same degree, etc).

Finalmente un último dato. Soy una particular devota del uso gráfico de elementos que permitan comprender mejor las ideas y los cursos de acción para tareas específicas. Cierto es que a veces los gráficos son redundantes, innecesarios o, incluso cortos para aproximarnos a las ideas, y esto es algo que es necesario atender. Sin embargo, en términos de la segunda estrategia que comentaba arriba para adecentar la entrada referida en la Wikipedia en castellano, me propuse hacer un gráfico de las llamadas desde y hacia esta entrada en la Wikipedia en castellano utilizando pra ello el conjunto de librerías Graphviz y sirviéndome de una API diseñada en wikipedia para revisar las llamadas a otras entradas que hay desde un artículo estrella y que puede consultarse desde esta dirección,  sustituyendo el texto del título de la entrada por el nombre que se desee.

Una vez extraídos los datos de las llamadas que se hacen desde la entrada comenzamos a editar un archivo de texto que nos servirá de “guía” para que la librería graphviz haga su trabajo. Si queremos un digrafo (es decir un grafo con orientación desde sus nodos hacia los otros nodos), indicamos la relación con una flecha. Tanto nodos como lazos pueden ser editados en sus características (color, forma, tamaño, grosor de borde y tipo de letra por ejemplo) y, aunque el grafo resultante en este caso tiene una utilidad más práctica que analítica (pues es un gráfico lógicamente de tipo estrella y egocéntrico pero sin lazos entre los nodos distintos de la entrada seleccionada), esta librería es sumamente útil para dar cuenta de grafos mucho más complicados que el que a continuación se presenta.

¿Tienes alguna idea adicional sobre qué otro flanco abordar en la socialización de las Redes Sociales?


Tagged: Revista Redes, Software libre y redes sociales, Wikipedia

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Mariangela Petrizzo Dicho , , ,

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