Calabacines asados
Hace algún tiempo escuché a un médico indicar a su paciente no consumir calabacines. Según decía “era una pérdida de tiempo” por su carente valor protéico. Sin embargo, su elevado contenido en líquido lo hace un acompañante invaluable de los platos fuertes y un elemento fundamental de algunas invenciones gratinadas. Como en el caso del pepino (su primo lejano), es importante que durante la compra estemos atentos y atentas a cualquier magulladura, arruga u orificio en su superficie. Estos tres elementos, junto con su brillantez, nos dan pistas sobre la madurez del fruto y las posibilidades de su uso en cocina.
Me gustaría dejarles hoy una receta de calabacines que solemos consumir mucho en casa, y cuya practicidad de elaboración en estos tiempos reducidos de cocina y alimentación en los que vivimos, es invalorable. Además, por su sabor delicado es un buen acompañante para un plato de cualquier tipo de carne.
Nada más simple que tomar un calabacín de tamaño medio, bien definidas sus formas, lavarlo muy bien (quizás con una esponja suave mejor) y picarlo en julianas de aproximadamente un centímetro de espesor.
Retiradas ambas puntas, una vez esté picado el calabacín, untaremos con muy poco aceite (de oliva virgen mucho mejor) en una sartén ancha (mucho mejor si es una sartén amplia y plana) y pondremos a calentar a fuego medio.
Al estar caliente la sartén, colocaremos una a una las julianas de calabacín que hemos troceado y dejaremos cocinar muy lentamente allí, hasta que estén completamente dorados sus bordes. Esto puede demorar unos 10-15 mins si el fuego es medio/bajo. En ese momento las voltearemos para que se cocinen por el otro lado.
Es importante que las julianas de calabacín queden muy bien tostadas, recordemos que la poca cantidad de aceite nos garantiza tan sólo que no se peguen. No se trata de freírlas ni mucho menos, y si que se cocinen completamente a la brasa o asadas. Si lo prefieres puedes salpimentar según se cocina el calabacín, sin embargo yo prefiero reservar esto para la elaboración de la vinagreta.
Una vez estén perfectamente doradas por ambas caras, deberán servirse en un plato ancho, de modo que, de preferencia, no queden rodajas una encima de la otra. Entonces procederemos a inventar una vinagreta para acompañar nuestros calabacines.
Te daré unas tres opciones de vinagretas para acompañar estos calabacines:
- Opción a: Mezclas (según la cantidad de calabacines, claro) tres cucharadas de aceite (de oliva mucho mejor), sal al gusto, vinagre balsámico (o de Módena), algo de ajo (o salsa de ajo si lo prefieres) y unas hojas de menta o yerbabuena picadas muy finamente. Incorporas esta mezcla suficientemente con la ayuda de un mortero y viertes sobre los calabacines asegurándote que se impregnen todos.
- Opción b: Según la cantidad de calabacines dispuestos, mezclas aceite de oliva, sal al gusto, vinagre blanco y un chorrito de sirope de maple. Luego de estar debidamente unificado, lo viertes sobre los calabacines asegurándote de que se bañen todos.
- Opción c: Igual que en los otros casos, mantendremos el aceite (de oliva mejor) como base, y agregaremos ajo, sal y las ojas de menta. Sin embargo, en lugar del vinagre balsámico, agregaremos vinagre de arroz (de sabor algo dulzón y utilizado en la preparación de sushi).
Y a ti, ¿te animaría probar una mezcla de vinagreta que podamos incluir? ¡Envíala en los comentarios!





